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miércoles, 22 de agosto de 2012

930 (Más o menos)

Una tarde de verano, sin nada planeado, sin presentimiento alguno, sin que yo quisiera, terminamos llegando a mi casa. Había quedado antes con una buena amiga y estando con ella, él me llamó, nos reímos los tres, comimos torta y compartimos mi Coca-Cola. Mi querida Sisi tuvo que ir a su casa y él se apuró convenientemente en conseguirle un taxi en el tráfico imposible de las 6 de la tarde en pleno centro de la ciudad. Caminamos un rato hasta que casi anocheció. No es mentira si les digo que Trujillo tiene un color precioso en sus calles durante los atardeceres y las noches de verano. Es irresistible, es mágico. Se le ocurrió ir a mi casa con insistencia y la suerte lo acompaño. Conseguimos un taxi y nos marchamos.



La casa estaba vacía, la sala no estaba absolutamente oscura pero me aseguré de encender la luz principal. Nos sentamos en mi sillón y de pronto en cuestión de 5 minutos mi familia entera apareció por la puerta. Venían todos en el auto luego de hacer algunas compras en el mercado. Repito que no tenía nada planeado y sin embargo ese "desplaneamiento" terminó en que todos lo conocieran a él.

¡Vaya! Una incomodidad rara; a veces me gusta tener ciertas cosas bajo control, yo antes no era así, debe ser la edad. ¡Qué calor! Los días de Enero en Trujillo suelen ser así, ricos pero calientes. Conversamos, conversamos. Él me dijo, yo le dije. Él me preguntó y yo dije sí con toda la familia escuchando (porque de seguro que estaban escuchando) en el cuarto contiguo y es que siendo casi las 8 de la noche, la costumbre en casa de mis padres es: Todos a la mesa, esta servido.

Y dije que sí. Me preguntó y lo dije con seguridad. Qué avalancha nerviosismo, qué vuelco en el estómago. Empezar sin calcularlo ni programarlo: Genial. Todo bien. Sonrojos. Calor. Pero falta algo: Qué es un sí sin un beso.

La verdad es que en ese momento ni lo pensé. Estaba nerviosa, sorprendida, feliz, obnubilada y de pronto un "Tengo que irme", y de pronto un "Ya es tarde" y un "Hasta luego señor, hasta luego señora, adiós Carmen" Palabras que no recuerdo bien mientras pensaba y no pensaba en ese "cómo" ¡Demonios que calor! 

Un "Te acompaño a la puerta" y ahora estabamos juntos en el dintel, sólo él bajo ese escalón final mientras yo me quedé en el anterior. "Chao", "Chao" y él me mira, lo miro yo enrojecida hasta las orejas -empezó mi taquicardia en ese momento- él trata de tomarme las manos pero yo las deslizo hacia su cara con una familiaridad que me sorprendería a mi misma al recordarlo (días atrás él había sufrido mucho para sólo tomar mi mano) ambos miopes con lentes, ambos nerviosos ¡Caray, que calor!

Y nos miramos y la puerta esta abierta y se escuchan los autos que pasan por la avenida cercana y sus manos también me tocan la cara... Y sus labios tocaron los mios por algunos segundos. Silencio. Cámara lenta y el corazón se me salía. Nos separamos y le hice adiós ocultando mi cara enrojecida entre las sombras de la noche. Me quedé con una tibieza nunca antes sentida en esta habitación que por esos días tenía unos 24 años de inaugurada. 



Y asi son ya 930 días (en aproximación) que desde ese día llevo besando incansable los mismos labios, escuchando esa voz y disfrutando de su recuerdo cuando la tengo lejos. 930 días que ya han pasado y que ahora evoco desde un verano distinto a ése, éste en cambio es un verano extraño, nuevo, distinto. Un verano abrazador y lleno de una espera que se me hace eterna. Nunca hubo un beso como ése que di y que me dieron y no porque haya sido el más intenso, pasional o morfológicamente perfecto, ése beso fue único porque ése fue el primero de tantos y tantos que le siguieron y que a pesar de la pausa geográfica momentánea, siguen siendo hasta hoy y quién sabe, tal vez éste que les acabo de contar, haya sido mi último primer beso. El tiempo lo dirá.

jueves, 9 de agosto de 2012

El Cuerpo.

A diario tengo la oportunidad de atender a muchos pacientes ancianos. Muchos llegan solos: llegan de asilos, de casas de reposo o de sus propias casas traídos por los paramédicos de la Cruz Roja. Algunos también llegan acompañados de sus esposos o esposas: jubilados que se siguen acompañando y haciéndose cariño 50 años después de darse su primer beso. Es increíble. Amor en primera fila y Tecnicolor.

El Señor Erkes, paciente mío, tenía hoy por la tarde programada una prueba de esfuerzo y fui con él al ambiente de EKG para ver como seguía después de llegar hace 8 días con un síndrome coronario agudo. Llegó acompañado por su esposa, con la que vive en un pueblo cercano. Ambos se tratan con un cariño que a veces me hace mirar hacia otro lado para que no me invada mi nostalgia “en horas de trabajo”. Al retirarse la camisa, vi el cuerpo blanco y voluminoso de mi paciente con las cicatrices de unas intervenciones cardiacas anteriores en el pecho, con las equimosis en el abdomen por las diarias inyecciones de Clexane®, con las mamas que cogaban sobre el pecho, con las marcas del catéter venoso central que tuvo hasta hace unos días cuando aun permanecía en la estación de Medicina Intensiva. Veía a su esposa, ambos ya casi llegando a base 8, que le ayudaba doblando la camisa y sosteniéndole el bastón. Los vi, vi el cuerpo del Sr. Erkes, vi su humanidad meneándose de unlado a otro mientras empezaba el pedaleo sobre la bicicleta estática de prueba  y me pregunté cómo habría sido ese cuerpo en la juventud.

Tal vez hace 50 años la Sra. y el Sr. Erkes lucian espigadas y atrctivas figuras. Tal vez ese hombre de espalda curvada por los años, de abdomen prominente, de anteojos gruesos y aparato para oír en ambas orejas fue alguna vez un guapísimo chico alemán que alguna noche invitó a bailar a una muchacha rubia uno de esos swings post-guerra de los 50’s. Alguna vez…

Después de todos los años, de todo lo pasado, de todo el camino recorrido ¿Qué nos queda? ¿Qué es lo que en verdad vale? Si, si, que todo entra por los ojos, que los superficialismos y tantas y tantas cosas más, pero el ver a esas dos personas mirándose con tanto amor, no lo sé, sólo me hizo pensar en eso. Los años no pasan en vano ¿No? El cuerpo queda con marcas físicas y palpables de lo pasado. El corazón, los pulmones, el cerebro, las articulaciones, los huesos, el estómago como organos vitales empezarán a fallar alguna vez y de pronto seremos ancianos programando las pastillas para la semana y retirándonos la prótesis dental antes de dormir.

Al final de todo ¿Podremos ver qué fue o no importante en nuestra vida? Lamentablemente y como dice la canción "la sabiduría llega cuando no nos sirve para nada", es en verdad medio cierto.

¿Acaso no es sólo un beso lo que queda? ¿Un abrazo? ¿Una sonrisa? ¿Una canción? ¿Acaso -y con suerte- no sólo quedaremos ese "tu" y ese "yo"?